ANILLO RUEDA DE LA FORTUNA DOROTHÉE SAUSSET

320,00

Plata 925 bañada en oro de 24 quilates. Fabricado en India.
Tallas:  54 y 60.
Colgante: 23 mm de diámetro.
Piedras: Iolita redonda facetada, topacio blanco, granate, tanzanita, citrino, turmalina rosa, zafiro azul, peridoto, ónix verde, topacio azul, amatista y rubí relleno de vidrio.
Se presenta en una bolsa para proteger sus joyas y usarlas a diario. Esta bolsa está hecha con telas sobrantes de mujeres afganas refugiadas en India.

Érase una vez una gran rueda de oro que giraba sin cesar bajo la caprichosa mirada de la Fortuna. Un día, llevó a Lucius, hijo de un alfarero, a la cima: de niño humilde, se convirtió en príncipe, adornado con oro y seda. Convencido de que su fortuna duraría para siempre, desconocía la impermanencia de todo.
Pero la rueda gira, y en una noche, el destino cambió. Acusado de traición, Lucius lo perdió todo. Angustiado, vagó hasta que se encontró con un anciano cerca de un arroyo. «Mira el agua», le dijo. «Nunca deja de fluir, como la vida. Nada se estanca, todo evoluciona». Lucius comprendió entonces que la caída no era un final, sino un paso. Se levantó, aprendió nuevas habilidades, y cuando la rueda volvió a girar, se le ofreció una nueva oportunidad. Comprendió que cada giro es una oportunidad, y que la sabiduría no reside en aferrarse, sino en aprender a avanzar con el movimiento del mundo.

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Descripción

Plata 925 bañada en oro de 24 quilates. Fabricado en India.
Tallas:  54 y 60.
Colgante: 23 mm de diámetro.
Piedras: Iolita redonda facetada, topacio blanco, granate, tanzanita, citrino, turmalina rosa, zafiro azul, peridoto, ónix verde, topacio azul, amatista y rubí relleno de vidrio.
Se presenta en una bolsa para proteger sus joyas y usarlas a diario. Esta bolsa está hecha con telas sobrantes de mujeres afganas refugiadas en India.

Érase una vez una gran rueda de oro que giraba sin cesar bajo la caprichosa mirada de la Fortuna. Un día, llevó a Lucius, hijo de un alfarero, a la cima: de niño humilde, se convirtió en príncipe, adornado con oro y seda. Convencido de que su fortuna duraría para siempre, desconocía la impermanencia de todo.
Pero la rueda gira, y en una noche, el destino cambió. Acusado de traición, Lucius lo perdió todo. Angustiado, vagó hasta que se encontró con un anciano cerca de un arroyo. «Mira el agua», le dijo. «Nunca deja de fluir, como la vida. Nada se estanca, todo evoluciona». Lucius comprendió entonces que la caída no era un final, sino un paso. Se levantó, aprendió nuevas habilidades, y cuando la rueda volvió a girar, se le ofreció una nueva oportunidad. Comprendió que cada giro es una oportunidad, y que la sabiduría no reside en aferrarse, sino en aprender a avanzar con el movimiento del mundo.